A contraluz | Por el Tecladista
Los bandos municipales se venden como manuales de buena conducta, pero en 2026 varios alcaldes mexiquenses parecen haberlos usado como carta blanca para gobernar a golpe de reglamento. Mucha norma, poca pedagogía y casi nada de consulta, situación que podría aprovecharse para cometer actos irregulares o abusos.
El ejemplo más claro fue Teoloyucan. Restringir la circulación de transporte pesado sin hablar antes con quienes mueven la economía local era una receta segura para el conflicto. Y así ocurrió: bloqueos, molestia ciudadana y un gobierno municipal improvisando explicaciones cuando el problema ya estaba en la calle.
En otros puntos del Estado de México, el endurecimiento de multas por basura o agua desperdiciada abrió otro frente. Sancionar hasta con miles de pesos puede lucir bien en el discurso ambiental, pero en colonias donde falta el servicio básico, la medida se lee como desproporcionada y recaudatoria.
Más delicado aún es el intento de algunos ayuntamientos por regular asuntos que rebasan sus atribuciones, desde conductas digitales hasta temas complejos sin sustento legal claro. No es orden: es exceso.
El episodio de Atizapán, con una protesta simbólica desde dentro del propio gobierno, dejó al descubierto que ni siquiera todos los funcionarios creen en lo que se firma.
A contraluz, el Bando 2026 no muestra modernidad. Muestra prisa, control y una peligrosa distancia entre autoridad y ciudadanía.
#AContraluz #Tecladista #BandoMunicipal2026 #ExcesoRegulatorio #Edomex #Columna
#opinion
Los bandos municipales se venden como manuales de buena conducta, pero en 2026 varios alcaldes mexiquenses parecen haberlos usado como carta blanca para gobernar a golpe de reglamento. Mucha norma, poca pedagogía y casi nada de consulta, situación que podría aprovecharse para cometer actos irregulares o abusos.
El ejemplo más claro fue Teoloyucan. Restringir la circulación de transporte pesado sin hablar antes con quienes mueven la economía local era una receta segura para el conflicto. Y así ocurrió: bloqueos, molestia ciudadana y un gobierno municipal improvisando explicaciones cuando el problema ya estaba en la calle.
En otros puntos del Estado de México, el endurecimiento de multas por basura o agua desperdiciada abrió otro frente. Sancionar hasta con miles de pesos puede lucir bien en el discurso ambiental, pero en colonias donde falta el servicio básico, la medida se lee como desproporcionada y recaudatoria.
Más delicado aún es el intento de algunos ayuntamientos por regular asuntos que rebasan sus atribuciones, desde conductas digitales hasta temas complejos sin sustento legal claro. No es orden: es exceso.
El episodio de Atizapán, con una protesta simbólica desde dentro del propio gobierno, dejó al descubierto que ni siquiera todos los funcionarios creen en lo que se firma.
A contraluz, el Bando 2026 no muestra modernidad. Muestra prisa, control y una peligrosa distancia entre autoridad y ciudadanía.
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